Recreación del Real de Santa Fe en la serie de Televisión Española "Isabel".
Recreación del Real de Santa Fe en la serie de Televisión Española “Isabel”.

Como ya les hemos contado a lo largo de toda una serie de artículos anteriores, tras diversas incursiones en la Vega granadina organizadas por el Rey a lo largo de las diferentes campañas, se toma la decisión de establecer un campamento permanente que permita el asedio continuado de Granada: el Real de Santa Fe. Con esta publicación comenzamos una nueva serie de artículos en los que trataremos de acercarles a esa ciudad amurallada y protegida por un foso, de traza ortogonal, que durante muchos años ha sido, y seguirá siendo, objeto de estudio de numerosos eruditos e historiadores. ¿Nos acompañan a través de este viaje en el tiempo por nuestra Historia?

El Real de Santa Fe es el conjunto de pabellones y barracones, dispuestos ordenadamente, siguiendo el trazado de los campamentos militares y, en el centro, la plaza y la Casa Real, todo ello edificado con la finalidad de perdurar durante todo el proceso final de la Reconquista, por lo que contaba con una importante serie de elementos militares que garantizaban la defensa del recinto.

La mejor documentación para conocer el aspecto inicial del Real se obtiene de los propios cronistas contemporáneos. En líneas generales podemos adelantar que el Real de Santa Fe es un tipo de fortaleza totalmente funcional, construida como instrumento de defensa y no como residencia de los soberanos cristianos. El tipo de casa construida no es señorial, sino edificaciones de primera necesidad, incluso pabellones militares hechos en poco tiempo y poca calidad constructiva. No se emplean los grandes sillares de las casas y palacios del Renacimiento, sino argamasa de cal y cantos pequeños de aluvión, cubriéndolas de tejas. En definitiva, materiales de fácil adquisición existentes en la zona como madera, cantos del río o restos procedentes de construcciones preexistentes.

Para destacar la perfecta traza de la ciudad, aportaremos algunos testimonios de cronistas contemporáneos que describen a grandes rasgos el Real:

Pedro Mátir de Anglería
Pedro Mátir de Anglería

La ciudad, aunque pequeña, es acotada por un surco. Es de 400 pasos de larga por 312 de ancha. Tiene murallas almenadas, fosos y fuertes torres. Su forma es casi rectangular, dejando una plaza en el centro. En cada uno de sus cuatro lados se ha dejado una puerta. ¡A tanto llegó el cuidado de su trazado! Se han levantado edificaciones con capacidad para acoger a miles de caballerías, en la planta baja, y para albergar a las tropas correspondientes a ellas, en el único piso que tienen”. (Pedro Mártir de Anglería)

 

Hernán Pérez del Pulgar
Hernán Pérez del Pulgar

(…) Despues se fizo Santa Fé, la qual ficieron las cibdades é los Maestrazgos, é cada uno puso su letrero de lo que fizo, lo qual fué parte de dexar guarniciones de gentes sobre Granada, la qual ficieron á la forma de Villa-Real, que es una villa sobre Vallacio, que si fizo para lo mesmo con sus calles derechas, é quatro puertas una enfrente de otra muy fuertes (…)”. (Crónica de Hernán Pérez del Pulgar)

 

 

 

 

Alonso de Santa Cruz
Alonso de Santa Cruz

(…) Procuraron cómo hacer junto al Real y casi dentro dél una población de muy buena cerca y valuartes con sus traveses, buenas casas y todo lo demás (…), de día y de noche, hicieron los muros y torres y cavas y puertas, y otras cosas necesarias; todo dentro de ochenta días. Y así mesmo la población de casas.

Híçose esta población, la qual los Reyes Católicos nombraron Ciudad de Sancta Fe, de quatrocientos pasos de largura [334.36 m] y de trescientos y doçe de anchura [260.80 m]. Y en medio de ella se hiço una muy ancha plaça, de la qual salían quatro calles prinçipales, que iban a dar a quatro puertas de la ciudad (…)”. (Alonso de Santa Cruz)

Por tanto, de las descripciones de los cronistas y del grabado recientemente descubierto en el tablero de la sillería del coro bajo de la Catedral de Toledo –que ya hemos mencionado en publicaciones anteriores–, se deduce que era de forma rectangular, con dos calles principales (Cardus Maximus y Decumanus) que se cruzan formando una cruz latina, dejándose en el encuentro de ambas una amplia plaza de armas donde se reservó el espacio para la Iglesia, la casa-aposento de los Reyes Católicos y el Hospital. En los extremos de la cruz formada por sus dos calles principales colocaron cuatro puertas que se denominaron de Córdoba, de Jerez, de Sevilla y de los Carros; situadas respectivamente al este, al oeste, al sur y al norte; las que pasado el tiempo se les ha dado la definitiva denominación de Granada, de Loja, de Sevilla y de Jaén o de Belén.

De este a oeste corrían dos largas calles (Cardus), paralelas a los lados mayores del rectángulo, que eran cortadas perpendicularmente por el lado menor de la cruz central y por otras numerosas calles secundarias, orientadas de norte a sur (Decumanus); todas ellas rectas y bien trazadas. Todo el recinto fue fortificado con los elementos que aconsejaba el arte militar, rodeado de murallas almenadas defendidas por torres en cada esquina, ante las que se extendía un foso que fue llenado con agua del Genil, salvado sólo por los cuatro puentes levadizos, correspondientes a las cuatro puertas, cuyos extremos llegaban a alcanzar unos baluartes circulares de piedra dispuestos en el exterior del recinto amurallado. Por tanto, en lo referente a cuestiones defensivas, podemos situar el caso del Real de Santa Fe en un período de transición entre las anticuadas fortificaciones medievales y las modernas edificaciones militares adaptadas a los nuevos efectivos pirobalísticos que iban surgiendo.

El problema del abastecimiento de agua se resolvió con las derivaciones del Genil y con la construcción de numerosos pozos. Además hay que agregar la existencia de dos norias: una utilizada para el servicio de la Casa Real y la otra situada en la plaza del mismo nombre, para el servicio de las tropas. Las dos procedentes de la época árabe, según Ángel Espinosa Cabezas.

A la luz de las fuentes históricas y de los escasos restos arqueológicos, trataremos de analizar brevemente las distintas construcciones documentalmente probadas. En próximas publicaciones abordaremos el tema de forma más amplia.

Entre las construcciones que merecen destacarse debemos mencionar la muralla, que en el grabado del tablero de la sillería del coro bajo de la Catedral de Toledo se representa sólida y almenada, con altos muros y reforzada por torres defensivas situadas cada cierta distancia, que albergaban a los soldados de vigilancia y permitían controlar visualmente todos los puntos. De todas las torres destacó la de Santiago, por su sólida construcción, superior envergadura y por su disposición estratégica, al situarse en el vértice noreste (mirando a la ciudad de Granada), lo que le permitía controlar las principales vías de comunicación.

Gracias al mencionado grabado podemos confirmar también la presencia de cuatro baluartes que defendían los puentes levadizos de acceso al recinto amurallado. Eran de construcción sólida y de planta circular, con capacidad para albergar a un reducido número de soldados de vigilancia. A través de estos puentes se alcanzaban las puertas del Real, situadas a los extremos de las calles principales que forman la cruz latina y orientadas a los cuatro puntos cardinales. Las que se conservan actualmente tienen una configuración distinta a la original, al haberse producido varias reconstrucciones e incluso reformas para incorporar capillas.

Interiormente la ciudad-campamento quedaba organizada de forma ordenada, levantándose por una parte las viviendas de los nobles, cortesanos y capitanes, y por otra los pabellones de la tropa.

El escribano Antón de la Barrera dejó algunos indicios sobre la situación de las distintas armas en el Real, lo que ha resultado de provecho para que Ángel Espinosa Cabezas llegue a algunas conclusiones. Por ejemplo, afirma que la artillería se alojó en la nave comprendida entre las calles hoy conocidas como Santa Bárbara (patrona de los artilleros) y Ronda de Granada Sur, muy próxima a la atalaya. Considera también que la caballería debió de ocupar la nave comprendida entre las calles Cobertizo (hace referencia al lugar de resguardo de las caballerías) e Isabel la Católica, mientras que los efectivos de las tropas reales se albergarían en los pabellones situados detrás de la Casa Real. Frente a los pabellones de las tropas se edificaron otros de menores dimensiones que fueron destinados a albergar las viviendas que debían ocupar los protagonistas que jugaron un papel importante al lado de los soberanos cristianos, como fueron el duque de Cales, el conde de Haro (don Bernardino Fernández de Velasco y Mendoza), la duquesa del Infantado (doña María de Luna y Pimentel), el comendador mayor de Aragón de la Orden de Calatrava (don Diego García de Castrillo), el arzobispo de Sevilla (don Diego Hurtado de Mendoza y Quiñones), el obispo de Ávila (don Hernando de Talavera), etc.

Presidiendo el conjunto edificado, en el centro del Real, justo al lado de la plaza de armas, se situaba la Casa Real de los Reyes Católicos, que no ocuparían más que durante el tiempo que duró el cerco a Granada y esporádicamente durante unos meses posteriores, en los que ya alternarían su estancia con la Alhambra.

¿Quiere conocer un poquito más acerca del Real de Santa Fe? Le seguiremos contando más cosas en la próxima publicación…

 

FUENTES:

    • ESPINOSA CABEZAS, ÁNGEL. Santa Fe. Aproximaciones geográfico-históricas. Excmo. Ayuntamiento de Santa Fe, Empresa Pública del Suelo de Andalucía, Librería El Hidalgo, 1995. ISBN: 84-605-3949-0.
    • FERNÁNDEZ APARICIO, MIGUEL ÁNGEL. Santa Fe, traza y orden. Santa Fe: [Granada]: s.n., 2006. ISBN 84-689-7721-7.
    • GARCÍA PULIDO, LUIS JOSÉ; ORIHUELA UZAL, ANTONIO. “Nuevas aportaciones sobre las murallas y el sistema defensivo de Santa Fe (Granada)”. Archivo Español de Arte, LXXVIII, 2005, 309, págs. 23-43. ISSN: 0004-0428.
    • LAPRESA MOLINA, ELADIO. Santa Fe: historia de una ciudad del siglo XV. Universidad de Granada, 1979. ISBN: 84-338-0112-0.